“La cara oculta de la ayuda humanitaria”

La ayuda humanitaria se ha convertido en un gran negocio, se está generando un auténtico espectáculo de la solidaridad; más que un trabajo logístico se ha convertido en un fenómeno de extrema gravedad.

La cooperación internacional se inicia en el momento en que un actor institucional interviene en otro Estado o nación proporcionando recursos de todo tipo. Podría catalogarse como la institucionalización de la ayuda trasnacional de forma unidireccional.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, la iglesia era la única responsable de llevar a cabo acciones de cooperación a nivel internacional, los misioneros eran los actores principales de la ayuda humanitaria. En Europa no es hasta después de la Revolución Industrial que se crean las primeras instituciones internacionales.

En la actualidad las ONG constituyen lo denominado como “tercer sector”. Este “tercer sector” posee una gran relevancia a nivel internacional, tanto social como ideológica, la cual se ve incrementada día tras día. Se denomina tercer sector por una cuestión lógica, existen dos sectores principales donde las ONG no encajarían, el público (Estado) y el privado (empresas). Pero la base en la que se fundamenta esta afirmación puede tambalearse en el momento en el que las organizaciones funcionan sobre criterios de productividad económica, como las empresas privadas, y que, a la vez, son dependientes de las instituciones públicas, es decir, del Estado. Como sucede en muchos organismos pertenecientes al tercer sector, en el momento en que no consiguen financiarse únicamente mediante las aportaciones de los donantes, tienen que optar por financiación pública y privada, lo que genera una gran competencia entre las organizaciones. Al igual que en cualquier empresa privada, en el momento en el que compites con otras instituciones por un mismo objetivo, entra en juego la publicidad y el buen marketing.

Las aportaciones particulares de los donantes se consiguen de una manera simple, spot publicitario breve y claro de la aportación económica que requiere dicho proyecto para poder ser llevado a cabo. Podría denominarse publicidad engañosa ya que lo que no nos dicen esos anuncios es que la cantidad aportada por cada donante no va destinada directamente a la organización a la que crees estar aportando tu granito de arena para poder llevar a cabo un proyecto de cooperación. Esas donaciones de particulares pasan por numerosos intermediarios antes de llegar a su supuesto receptor, la organización, dichos intermediarios son en gran parte instituciones de ámbito privado. Las ONG son conscientes de que su publicidad es engañosa; el desarrollo es muy complicado y es prácticamente imposible conseguir con unas donaciones aisladas cambios sustanciales en las relaciones internacionales. Otra de las formas que tienen las organizaciones para recaudar donativos para dichos proyectos es, mediante la contratación de personas a las cuales se les estipula por contrato determinados requisitos de recaudación. Expertos afirman que buscar donantes en la calle sale mucho más efectivo que una campaña por correo. Una de las claves para que todo este mecanismo funcione de forma eficaz es que el donante nunca sepa exactamente qué es lo que se hace con su dinero.

La metodología de participación en la cooperación más habitual es, actualmente, el voluntariado internacional, o denominado desde una perspectiva más crítica, el turismo humanitario.
El turismo humanitario está en claro auge. En una gran parte de estos voluntariados internacionales no se requiere ninguna cualificación, el único requisito indispensable es pagar la cuota que te estipula la organización encargada de dicho proyecto, lo que ha convertido a estos organismos en auténticas multinacionales de la ayuda humanitaria. Uno de los ejemplos más claros, y a la vez más criticados, de este negocio, son los voluntariados en los orfanatos de Camboya. La cuota que debe pagar un voluntario para una estancia de un mes en uno de estos orfanatos es de 1.600€; de esos 1.600€ que paga la persona voluntaria el orfanato solo recibe 80€. Otro dato relevante de estos orfanatos es que la gran mayoría de los niños que viven allí no son huérfanos; un estudio de UNICEF en 2010 reveló que el 72% de estos niños tienen un padre con vida por lo que no pueden ser dados en adopción, legalmente es inaceptable. En estos centros se vulneran repetidamente los derechos de los niños; están muy lejos de una finalidad altruista, no importa el bienestar de los niños, sino el negocio que se puede sacar de ellos, muchas veces son tratados como meras atracciones para los turistas.  No todos los proyectos de voluntariado se desarrollan de esta manera, existen numerosas ONG tradicionales que denuncian esta forma de negocio. El problema de estos proyectos radica en el sistema de cooperación, es decir, no importa el desarrollo, solo importa la cooperación, es decir “hacer algo”. De acuerdo con el antropólogo Gustau Nerín, considero que el título de su obra es un claro reflejo de está hipócrita realidad, “Blanco bueno busca a negro pobre”.

Estas organizaciones son, en gran parte, pequeñas empresas que han visto de la ayuda humanitaria y de las buenas intenciones de las personas un negocio muy rentable. Se ha convertido en un subproducto de la ayuda humanitaria, una estafa económica pero sobre todo intelectual. Con este tipo de cooperación lo único que están generando es una subasta de  puestos de voluntariado al mejor postor.

Los cooperantes poseen la voluntad de comprometerse pero detrás de estas buenas intenciones hay una gran ingenuidad, sobre el terreno no sirve para nada, solo beneficia a las empresas privadas intermediarias de todo el proceso, o eso afirman expertos en la materia. Pero no solo son las pequeñas ONG, las grandes organizaciones tradicionales también se encuentran en el punto de mira a consecuencia de sus presupuestos mal utilizados, por su falta de eficacia y, principalmente, por su falta de visión a largo plazo. Uno de los principales ejemplos de esta nefasta práctica ha sido el terremoto de Haití en 2010. Más de 5.000 ONG se movilizaron con un presupuestos humanitario de más de 5 mil millones de €, de esta financiación el 20% fue destinado a las ONG y el 80% para la ONU y la Comisión Europea. El resultado, solo el 1/3 de la población haitiana fue realojada mediante el proyecto financiado con el presupuesto internacional de ayuda humanitaria. El problema de las grandes organizaciones es que plantean intervenciones de urgencia y no elaboran proyectos con visión de futuro; volviendo como ejemplo a la catástrofe de Haití, se construyeron cientos de refugios temporales para población haitiana que se había quedado sin un hogar a consecuencia del terremoto, sin embargo estos refugios no tenían una vida superior a 3 años y con un presupuesto similar al coste de una cabaña temporal, podían haber construido cabañas permanentes con una mayor resistencia a futuras catástrofes naturales, por tanto, escasa visión de futuro.

Los actores de la ayuda humanitaria están acostumbrados a actuar en campos de refugiados realojando a la gente en tiendas, pero en Haití podía haberse llevado a cabo la construcción de casas mientras los locales estaban instaurados en campamentos temporales; como el caso de Haití hay cientos, el dinero no es el problema en estos proyectos, un alto cargo de las Naciones Unidas afirma que hay grandes presupuestos para este tipo de catástrofes, el problema es la falta de visión de futuro en la cooperación al desarrollo. El caso de Haití fue un caso masivo de solidaridad, las donaciones eran cuantiosas y el presupuesto de los organismos de ayuda humanitaria muy elevado, por tanto no estamos ante una falta de financiación, estamos ante una mala práctica, una nula coordinación y una escasa visión de futuro.

Algunos países mueven entre 6 y 12 millones de € destinados a la cooperación al desarrollo. Todos los organismos y actores principales de la ayuda humanitaria informan de sus objetivos y de sus logros pero ninguno informa a la sociedad sobre sus fracasos. Ni siquiera un organismo como ACNUR es 100%  transparente con sus proyectos. Eso no quita que no existan buenas agencias de microorganismos que tienen claros los mecanismos y los objetivos.

Otro claro ejemplo dela mala praxis de la cooperación al desarrollo es Palestina. La ONU lleva años trabajando para la cooperación al desarrollo en Palestina pero los resultados no son nada satisfactorios; desde el despliegue de las fuerzas de la ONU no ha habido ninguna mejora económica ni social, además de las barbaries cometidas por las propias fuerzas de la ONU.

El desarrollo no está limitado únicamente al crecimiento económico, como antiguamente se creía, sino que va más allá de eso.
Se está empezando a cuestionar las bases morales y éticas de las acciones consideradas como solidarias y altruistas.

Sin embargo, vivimos en un mundo globalizado, cuyo valor central es la competitividad, y capitalista, donde las diferencias entre unos y otros cada vez se incrementan más. Las organizaciones e instituciones de ayuda humanitaria se están visibilizando cada vez más, principalmente porque su presencia en el mundo es cada vez más necesaria. Es impensable imaginar un mundo sin la presencia del “tercer sector” en un mundo gobernado por unos pocos para unos pocos. A pesar de ello, la competitividad que caracteriza a este mundo, genera que se haga negocio hasta de las desgracias ajenas, desde las catástrofes naturales más devastadoras hasta las hambrunas que azotan África.

Gran parte de los cooperantes son conscientes de las deficiencias del sistema de cooperación internacional y aún así luchan por modificarlo y conseguir un mundo con unas relaciones internacionales más justas.

Para muchos estas son ideas fuera de la realidad y en ocasiones son consideradas utópicas, pero la existencia de estos grupos son realmente necesarios, ya que no podemos dejar que la organización del mundo se encuentre solo en manos de aquellos pocos. (Ojeda, 2016)



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